viernes, 18 de noviembre de 2016

Lágrimas de interior.

A veces nos cuesta expresarnos, contar lo que tenemos dentro. Aquello que nos acompaña día a día, desde que amanece y atardece, y que en tantas ocasiones nos hemos quedado mirando al infinito pensado en ello, o en ella... según si es una persona o un acontecimiento que nos ha dejado un hueco vacio en nuestra mente y posiblemente, en lo que solemos llamar de manera sentimental, el corazón.

Siempre me he considerado una persona sensible y las despedidas, en todos los sentidos de la palabra, se me han hecho muy duras. Pero las despedidas sentimentales, son las peores, decir adiós a una persona con las que has mantenido un vínculo muy cercano, tan intenso, tan indescriptible... Siempre ha sido lo más duro para mí. Sentirte tan especial con una persona es lo mejor que puede existir en este mundo. La sensación de estar acompañado, la sensación de seguridad, y muchas más que puedo decir... son las sensaciones que nos dan ese bienestar. Y es así el ser humano busca su bienestar continuamente, y cuando te lo da otra persona es difícil desprenderte de él, siempre lo vas a echar de menos. Siempre lo vas a extrañar, aunque esté a 100 metros de ti, aunque esté a 166 kilómetros de ti.

Acariciar su cara con tus dedos y que sus comisuras se tuerzan creando una sonrisa iluminadora, besarla y teletransportarte a otra dimensión de la que no quieres escapar; miles de sentimientos te invaden la mente como si una bomba de relojería hubiese explotado en tu interior; ir cogidos de la mano y que todo el mundo te mire con envidia por tener a alguien que te hace sentir cosas así, abrazos que hacen fundirte con esa persona y convertiros en uno solo, risas que solo tu y esa persona podéis entender. Momentos, que son difíciles de decir adiós, de mirar hacia delante sin echar la vista atrás.

Continuamente digo que es difícil, y en mi opinión digo que es imposible. Creo que nos enamoramos una vez en la vida, tan solo una vez mantenemos un vínculo especial con una persona. Una persona que con mirarla a los ojos por primera vez sientes que es solo ella, que ella va a ser la única que te va a dar esa sensación de bienestar de la que he hablado anteriormente. Esa mirada fue la que tuve hace 5 años aproximadamente, y de la que no me he podido olvidar nunca. Esos ojos marrones que tanto me envolvieron el corazón y que me llevaron a un lugar sin salida.

Jamás olvidaré aquella mañana soleada de Septiembre en la que me crucé contigo, donde supe que desde ese momento ibas a ser algo especial para mí y que pasen lo años que pasen, ibas a tener un hueco asegurado en un rinconcito de mi mente. ¿Puedes amar lo onírico, mi amor?