jueves, 9 de febrero de 2017

Duerme conmigo.

   Hace poco comencé a escuchar el grupo "Marea" de una forma más detenida, solo había escuchado canciones sueltas hasta entonces y en este tiempo que lo he estado escuchando una de ellas me ha robado la mente para quedarse ahí sonando en forma de bucle. La canción se titula "Duerme conmigo", de ahí el nombre de esta entrada, pero no vengo a hablar de ella de una forma objetiva, si no de una más subjetiva.

   Miles de veces una canción se ha dueñado de nuestra mente haciendo que solo podamos cantarla o tararearla a todas horas en todo momento del día. A veces porque el ritmo es pegadizo o porque nos ha gustado tanto que es imposible olvidarse de ella, pero hablo de algo más... De lo que me transmite la canción, es algo distinto, es algo que pocas veces me ha ocurrido. Esa canción cada vez que la escucho me recuerda a la misma persona y no puedo escucharla sin que una imagen de ella se me pase por la mente. Creo que hasta que no pase mucho tiempo no la podré olvidar, solo hasta que se convierta en tan solo una anécdota lejana de mi paso por la universidad

   Hace ya un casi año prácticamente de ello, es más, dentro de poco será el aniversario del final de esa pequeña historia que acabó con mi vida sentimental por completo. Tú, pequeña lectora que me estás leyendo, quizás sabes de lo que hablo, o de quién, mejor dicho; o quizás no, pero para eso estoy aquí, para contarte todo y así entiendas lo que ocurre dentro de mí...

   Meses y meses han pasado desde entonces, desde que me crucé con una persona que supo llenar a medias un gran hueco que había(n) dejado con anterioridad. Una dulce "leo" que sabía, en la medida de lo posible, hacerme feliz; que me devolvió esas ganas de querer a una persona, esas ganas de sentir. Hacía relativamente poco tiempo que había dejado de sentir por una persona cuando apareció ella para, como he dicho antes, devolverme esas ganas de hacerlo. Sería cosa de finales de octubre cuando coincidí con ella en un trabajo grupal de clase. Yo la conocía de vista prácticamente, nunca me había parado a hablar con ella en lo poco que llevamos de curso, pero fue después de ese trabajo cuando empezamos a hablar y conocernos poco a poco, y cuando quedé prendido de ella, por su forma de ser. Y allí estábamos los dos un mes después, en el famoso Starbucks de la Plaza de Callao, sentados, con un Mocca Blanco cada uno, nuestros nombres grabados a rotulador negro en los vasos, ella frente a mí y yo a ella. Allí fue donde entre risas nos besamos por primera vez, dando comienzo a una corta historia decepcionante. Jamás olvidaré el color azul celeste de su jersey en esa noche, de las suaves manos que acariciaban las mías... de ese momento no me olvidaré. Todo era genial con ella, pasábamos las noches hablando, los fines de semana juntos... Las miradas y caricias; los abrazos y los besos... Qué color tenían.. Pero como toda historia, tiene su comienzo y su final. Finalmente, nuestros caminos se separaron para ella coger otro distinto y yo para coger uno lleno de irregularidades. Y así acabó esta etapa llena de rumores,"chismorreos" y habladurías que influyeron en el fin de esta.

   Por si aún sigues preguntándotelo pequeña lectora, su nombre era Verónica, quizás así te suene de algo. Qué curioso que un nombre al que se le atribuye la victoria fuera a darme lo contrario...

   Desde entonces mi yo del pasado se ha quedado encerrado en una cárcel de sentimientos en lo más profundo de mi ser queriendo decirle a Verónica esas palabras que alguna noche me le hubiese gustado decir y que tanto dice la canción... "Duerme conmigo".

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